
Cuando hablamos de autismo, solemos pensar en los síntomas nucleares necesarios para el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA), tal y como recogen la CIE-11 y el DSM-5-TR: diferencias en la comunicación social, en la reciprocidad, y patrones restrictivos o repetitivos de comportamiento, intereses o procesamiento sensorial.
Pero la realidad clínica es mucho más compleja.
Porque, más allá de esos criterios diagnósticos, existe algo fundamental que muchas veces queda invisibilizado: la comorbilidad. Es decir, todo aquello que se suma al TEA y que, en muchos casos, acaba siendo lo más evidente, mientras el autismo de base pasa desapercibido.
En la práctica clínica, el TEA rara vez aparece solo. Lo que vemos en consulta suele ser la punta del iceberg: ansiedad intensa, depresión, conductas autolesivas, problemas de conducta, consumo de tóxicos, desregulación emocional, trastornos del sueño o síntomas médicos persistentes.
Sin embargo, debajo de esa superficie visible, con frecuencia existe un TEA no diagnosticado que explica por qué tratar únicamente esos síntomas no termina de aliviar el malestar ni da esa sensación final de comprensión: "ahora entiendo por qué funciono diferente".
Los llamados modificadores clínicos incluyen comorbilidades de distintos tipos:
Se estima que un alto porcentaje de personas con TEA presenta otros diagnósticos asociados.
De hecho, entre un 80-90% desarrollará síntomas de salud mental a lo largo de su vida, especialmente cuando no ha habido un diagnóstico temprano.
Más del 50% presenta una desregulación emocional severa, que suele ser la base sobre la que se desarrollan otros cuadros clínicos.
En la adolescencia y adultez, esto lleva a confusiones diagnósticas muy frecuentes: por ejemplo, en chicas se puede etiquetar como trastorno límite de la personalidad, en chicos como trastorno o personalidad esquizoide u otros cuadros, sin llegar a identificar el TEA subyacente.
Un autismo no diagnosticado implica vivir durante años, o décadas, intentando adaptarse a un entorno que no está diseñado para tu forma de procesar el mundo.
A medida que las demandas del desarrollo aumentan, también lo hace la incidencia de:
Entre un 15-20% de las personas con TEA presenta problemas gastrointestinales, y más del 60% tiene alteraciones graves del sueño. Todo ello incrementa la severidad de la sintomatología autista y el malestar global.
Es importante recordar que, en más del 97% de los casos, el TEA tiene una base genética. No es causado por la ansiedad, ni por el trauma, ni por la depresión: al contrario, estos suelen aparecer como consecuencia de vivir durante años sin una explicación adecuada de la propia neurodivergencia, sin tener identificado qué te desregula, cómo procesas la información o qué demandas te sobrecargan, y por tanto sin haber podido adaptar el entorno a tus necesidades reales.
Cuando una persona no sabe que es autista, todo el esfuerzo se dirige a intentar encajar, a corregir lo que se vive como fallos personales, mientras el sistema nervioso permanece en un estado de estrés constante. Ese desgaste sostenido es lo que, con el tiempo, facilita la aparición de ansiedad, depresión, trauma, conductas autolesivas u otros problemas de salud mental que acaban ocupando el primer plano clínico y tapando el origen.
Por eso, identificar un TEA de base no significa buscar una causa nueva, sino comprender el hilo conductor que da sentido a toda la sintomatología y permite, por primera vez, intervenir desde la raíz y no solo sobre lo más visible.
Por eso es tan importante una mirada concienciada y formada en neurodivergencias. Para poder preguntarnos qué puede haber detrás de una manta de síntomas muy visibles, muy llamativos, pero que no explican del todo la historia de la persona.
Porque tratar solo la punta del iceberg puede reducir parcialmente el sufrimiento, pero no suele dar ese alivio profundo que llega cuando alguien entiende que no está roto, ni fallando, ni haciendo las cosas mal, sino que funciona diferente.
Identificar un TEA de base no es poner una etiqueta más. Es ofrecer contexto, sentido y comprensión.

Per què la perspectiva de gènere és clau per comprendre i acompanyar TEA i TDAH, especialment en dones.